Desarrollo moral de los hijos

El grupo familiar posee una serie de particularidades que facilitan su función como educadora en valores. En primer lugar, se encuentra el hecho de que es en este grupo donde existe mayor vinculación afectiva entre las personas, y es sabido que el afecto juega un papel importante en la adquisición de los valores.

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En segundo lugar, a diferencia de la escuela, en la familia gran parte del tiempo  de convivencia entre los padres e hijos se dedica a la enseñanza de valores. En tercer lugar, la familia y en especial los padres son las relaciones más constantes que mantiene un individuo a lo largo de la vida.

La familia cumple tres funciones esenciales con respecto a la formación de valores estas se refieren a aspectos tales como decidir cuáles son compatibles con la ideología familiar y apropiados dentro de su contexto social; establecer una jerarquía que permita a sus miembros decidir en situaciones de conflicto; y en tercer lugar, establecer los mecanismos apropiados para que los hijos se apropien de los valores que ellos desean inculcarles.

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El desarrollo de una conciencia moral inicia en la niñez a través del aprendizaje social, la imitación de modelos, las recompensas y castigos; poco a poco se va produciendo un proceso de interiorización y toma de conciencia de los valores, lo cual permitirá que al llegar a la adolescencia el sujeto los pueda hacer suyos para darles un matiz individual comparándolos con los valores aprendidos a partir de otros sistemas sociales, como son el grupo de iguales, la escuela o los medios de comunicación.

Las actitudes hacia la escuela y las aspiraciones vocacionales están ligadas a los valores aprendidos en el hogar, al estar la familia inmersa en un mundo tecnológico, materialista, competitivo, y desigual;los padres de familia pueden estar mas orientados a trasmitir valores utilitarios y pragmáticos a sus hijos para la obtención de bienes materiales que les garanticen el bienestar económico a coto o largo plazo.

Es importante que los padres  conozcan o aclaren  sus propios sistemas de valores y decidan cuales quieren enseñar a sus hijos. Tener una jerarquía clara permitirá a los padres educar mejor a sus hijos y sentar las bases morales en las primeras etapas de la vida, con la finalidad de que en la adolescencia y la vida como adultos, puedan enfrentar mejor las influencias del entorno. Los hijos al crecer podrán desarrollar valores personales diferentes a los de sus padres, pero al menos tendrán una base sólida para crear sus propias jerarquías.

Los valores que transmiten las familias están fuertemente influidos por las características del contexto sociocultural donde se ven inmersas y en ocasiones esto puede ser diferente a los que se promueven en otros contextos significativos para la vida de los hijos, en especial a los que promueve la escuela. Independientemente de las variaciones particulares, en general las familias con un adecuado funcionamiento, donde los padres tienen bien definida la escala de valores que pretenden desarrollar en los hijos y establecen una jerarquía de los primeros proporcionan a los hijos mensajes claros y consistentes, mantienen una adecuada relaciona efectiva discuten con ellos de manera abierta los valores y modelan los comportamientos a través de los cuales se manifiestan. De tal modo promueven en los hijos la apropiación consciente de los valores que ellos desean que formen y una menos vulnerabilidad a las influencias contrarias de los mismos.

 

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